POR: Carolina Ojeda Leal– Académica Escuela de Arquitectura USS
En los últimos años, Chile ha sido testigo de un aumento alarmante en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales, especialmente en esas zonas donde la ciudad comienza a mezclarse con los entornos naturales. Este fenómeno, lejos de ser episódico, es el resultado de una compleja interacción entre el cambio climático, la expansión urbana desenfrenada y una transformación del uso del suelo.
Uno de los grandes problemas es cómo planificamos nuestras ciudades. Los planes comunales/regionales de cambio climático parecieran hechos con la estrategia de copiar y pegar modelos de otros lugares del mundo, sin considerar que nuestra geografía en el sur es única. Asimismo, el no actualizar los planes reguladores comunales acelera el cambio de usos tradicionales de la tierra hacia modelos no sostenibles, donde se aprecian numerosas tierras en desuso. Esto fomenta la creación de zonas de riesgo sin un control real del suelo, algo que en la literatura se conoce como Terrain Vague o espacios verdes informales que con un grupo multidisciplinario europeo-chileno estudiaremos en el proyecto COST 24134 Observista.
En ese sentido, es urgente formar estudiantes de pregrado y postgrado de arquitectura, ingeniería, geografía, entre otras carreras, que posean conocimientos concretos sobre cómo planificar y construir territorios más resilientes al fuego con la misma relevancia técnica que se le ha otorgado a las normativas sísmicas.
A esto sumamos un clima que ha cambiado: Sequías más largas y temperaturas más altas han agravado la desecación de la vegetación, incrementando la cantidad de material combustible disponible. En ese sentido, organizaciones como Buena Cabra que realizan limpieza de maleza mientras fertilizan el suelo marcan la diferencia. Entonces, dado que no podemos detener el cambio climático de un día para otro, lo que sí podemos hacer es cambiar nuestra estrategia: Prevención y Adaptación.
Esto no es solo tarea de los bomberos ni de SENAPRED. Necesitamos crear espacios de seguridad que separen las áreas forestales de las casas, implementar prácticas agrícolas y forestales que sean sostenibles y expandir lo aprendido en experiencias como la Red de Prevención Comunitaria. En esta misma línea, el nuevo Policy Paper de CIGIDEN refuerza la urgencia de promover una gestión del riesgo de incendios forestales que sea integrada, prospectiva y centrada en los territorios.
La amenaza es real y ahora lo más relevante es entender que tirar un residuo o no limpiar un terreno de las malezas nos afecta a todos: el bienestar de mi familia está intrínsecamente ligado a la salud del ecosistema que me rodea. Solo a través de una acción coordinada y un cambio en nuestra mentalidad podremos enfrentar el desafío de vivir seguros en territorios de interfaz. La capacidad de Chile para superar estos desastres depende de nuestra voluntad para actuar una vez que pase la emergencia.
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