La tradición se desarrolla en torno a una procesión hacia la siembra, oraciones, cantos y la participación de cantores populares. En algunas localidades, la cruz es rociada con vino y la ceremonia continúa con cuecas, música, comida y un encuentro comunitario. Más que una celebración religiosa, la Cruz del Trigo representa el profundo vínculo del mundo campesino con la tierra, el alimento y el trabajo de quienes cultivan el campo.
La fecha no es casual. La Cruz del Trigo está tradicionalmente asociada a San Francisco de Asís, cuya festividad se celebra precisamente el 4 de octubre. En diversas zonas del centro y sur de Chile, se le reconoce como protector de los cultivos, la naturaleza y los animales. La costumbre ha sido transmitida de generación en generación y forma parte del patrimonio cultural y religioso de numerosas comunidades rurales.
Francisco nació en Asís, Italia, entre 1181 y 1182, en una familia acomodada de comerciantes. Durante su juventud llevó una vida propia de su condición social, pero posteriormente experimentó una profunda transformación espiritual, renunció a sus riquezas y optó por una vida marcada por la pobreza, la sencillez y la fraternidad. Fundó la Orden de los Hermanos Menores, conocida como la orden franciscana.
Su relación con la naturaleza y los animales es uno de los aspectos más recordados de su vida. Francisco veía a las criaturas como parte de una misma creación y las consideraba sus “hermanos” y “hermanas”. La tradición franciscana conserva relatos sobre su predicación a las aves y sobre el llamado lobo de Gubbio, además de su célebre Cántico de las Criaturas, una alabanza a Dios por el sol, la luna, el agua, la tierra y toda la creación.
Francisco murió el 3 de octubre de 1226 y su fiesta litúrgica quedó establecida el 4 de octubre. Su mensaje de humildad, fraternidad y respeto por la creación trascendió los siglos y, en 1979, el papa Juan Pablo II lo proclamó patrono de quienes promueven la ecología.
La coincidencia con el Día Mundial de los Animales tampoco es casual. Esta conmemoración internacional quedó vinculada al 4 de octubre precisamente por la festividad de San Francisco de Asís y busca promover el respeto, la protección y el bienestar de los animales. El movimiento comenzó a organizarse internacionalmente en la década de 1920 y en 1931 se consolidó la fecha del 4 de octubre.
Así, cada 4 de octubre confluyen tres dimensiones: la fe, la tradición campesina y el respeto por la creación. La Cruz del Trigo recuerda la dependencia del ser humano de la tierra y sus frutos; San Francisco de Asís invita a mirar la naturaleza como parte de una fraternidad mayor; y el Día Mundial de los Animales nos llama a reconocer que el cuidado de la vida también es una responsabilidad de nuestra sociedad.
En el campo chileno, una cruz levantada entre los trigales se convierte así en mucho más que un símbolo religioso: es también memoria, identidad y una expresión de gratitud por la tierra que alimenta.
]]>Una canción puede hablar de todos sin decir explícitamente “todos”. Violeta Parra convirtió historias, oficios, dolores y memorias en parte de un repertorio que trascendió sus propias experiencias, una de las razones por las que cada 4 de octubre, en conmemoración de su natalicio, se celebra el Día de la Música Chilena.
Décadas después, Los Prisioneros hicieron algo similar desde otra época, con una colectividad explícita más presente. La reconocible frase “únanse al baile de los que sobran” convirtió las frustraciones de jóvenes de los años 80 en una canción en la que una generación pudo reconocerse.
Hoy el escenario parece distinto. En la música popular actual, la primera persona ocupa un lugar central: el amor, el deseo, el éxito, el dinero, la identidad, las propias experiencias, el “yo”. ¿Eso quiere decir que la música chilena ahora es más individualista? ¿Acaso, efectivamente, nadie nos va a echar de más?
Para el académico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Rodrigo Pincheira, existe un cambio en cuanto al protagonismo de la autorreferencia. “Puede observarse una mayor centralidad de la primera persona, sobre todo en la música urbana. Si antes era habitual encontrar canciones que hablaban desde un ‘nosotros’ explícito (los trabajadores, los estudiantes, una generación, los marginados, ‘los que sobran’), hoy ese espacio puede ocuparlo una experiencia individual”, señala.
Según Pincheira, esto se debe a una razón contextual e histórica: “En los ochenta hubo condiciones históricas muy fuertes: dictadura, desigualdad, transformaciones económicas, censura, falta de expectativas para determinados sectores juveniles. Hoy muchas veces aparece un ‘yo’ que funciona como lugar de observación de la sociedad. Hay algo de hedonismo en eso, lo que podría reflejar la crisis de representación colectiva actual”.
Sin embargo, una experiencia individual también puede convertirse en un punto de encuentro para quienes la escuchan. “Lo personal puede ser una de las formas más poderosas de hablar de lo social. Una canción sobre una ruptura puede hablar de las transformaciones de las relaciones afectivas. Una canción sobre ansiedad puede expresar una experiencia extendida entre jóvenes. El paso decisivo es del testimonio individual al reconocimiento colectivo”, reflexiona el especialista.
Pero el cambio no está únicamente en las letras. Las plataformas digitales crean nuevas comunidades alrededor de artistas, canciones, estéticas e identidades. Ya no es solo el público multitudinario escuchando a un músico en vivo. “Pasamos de colectividades presenciales a colectividades más fragmentadas, móviles, afectivas y digitales. Eso también cambia la canción”, explica.
Ahí aparece una paradoja en la misma línea: una canción puede ser escuchada individualmente, con audífonos, por millones de personas que nunca están juntas físicamente y que, sin embargo, comparten la misma experiencia cultural. “Escuchamos más individualmente, pero podemos compartir masivamente aquello que escuchamos”, resume el académico.
Por eso, una canción que hoy parece hablar solamente de quien la compuso podría, en realidad, terminar representando a muchos: “Una canción se vuelve generacional cuando deja de ser solamente la expresión de quien la compuso y se convierte en un lugar de memoria para quienes la escuchan”, menciona Pincheira.
En ese sentido, el cambio entre el “nosotros” de canciones como las de Los Prisioneros y el “yo” que aparece con fuerza en la música actual no necesariamente supone que lo colectivo haya desaparecido, que “nadie nos quiso ayudar jamás”. Puede, más bien, significar que una generación ya no siempre se reconoce hablando en coro, sino también encontrándose en la experiencia particular de otro.
]]>Y esa experiencia de estar juntos, haciendo cosas que reconocemos como propias, tiene un efecto concreto en nuestro bienestar. Según explica la psicóloga de Clínica MEDS María José Gálvez, las celebraciones patrias funcionan como un espacio privilegiado para reforzar la identidad, la conexión entre generaciones y el sentido de pertenencia.
Una de las claves está precisamente en las costumbres. Bailar cueca, preparar determinadas comidas, escuchar música tradicional o repetir rituales familiares no son solamente actividades recreativas. Son formas de mantener viva una memoria colectiva. La historia deja de ser algo que está en los libros y pasa a experimentarse con el cuerpo, los sentidos y las emociones.
“Cada vez que una familia o grupo repite una tradición, además, establece un puente con quienes estuvieron antes. Saber que los amigos, padres, abuelos o bisabuelos también celebraron de determinadas maneras genera una sensación de continuidad y arraigo. Somos parte de una historia que comenzó antes de nosotros y que podemos transmitir a quienes vienen después”, explica la psicóloga.
Ahí aparece otro fenómeno especialmente relevante: la intergeneracionalidad. Las Fiestas Patrias son uno de los pocos momentos del año en que abuelos, padres, hijos y nietos pueden encontrarse naturalmente en torno a una actividad compartida: cocinar, enseñar un baile, contar historias o simplemente celebrar juntos.
Para las personas mayores, ese intercambio les entrega un rol activo como transmisores de experiencias y tradiciones. Para las generaciones más jóvenes, significa recibir elementos que ayudan a construir su propia identidad. La tradición, entonces, no es solamente algo que se conserva: también es algo que se comparte y se resignifica entre generaciones.
Pero hay una dimensión todavía más amplia. “Desde la psicología social, las celebraciones colectivas pueden fortalecer la autoestima asociada a pertenecer a un grupo. En el caso de las Fiestas Patrias, ese orgullo puede expresarse de una manera particularmente cotidiana y positiva: a través del afecto por las costumbres, los lugares, la comida, la música y las personas con las que compartimos una historia. Es un “nosotros” que, en estos días, no necesita demasiadas explicaciones”, comenta la experta de Clínica MEDS.
“La gracia está precisamente en que no todos tenemos que vivir las Fiestas Patrias de la misma manera para sentir que estamos participando de algo común. Puede ser una fonda, un asado familiar, una salida al campo, una cueca o simplemente una reunión con amigos. Lo que se comparte es la referencia cultural y la posibilidad de reconocernos en ella”, agrega Galvez.
Y esa sensación de comunidad puede tener un efecto que se extiende más allá del feriado. La combinación de rituales compartidos, vínculos familiares e interacción entre generaciones fortalece el tejido social y puede funcionar como un amortiguador frente al estrés cotidiano.
“Por eso, las Fiestas Patrias pueden entenderse como una suerte de “reinicio emocional” colectivo: unos días en que se interrumpe la rutina, se recuperan vínculos, se activan recuerdos y se refuerza la sensación de pertenecer a una comunidad. Quizás ahí esté una de las razones por las que septiembre tiene una energía particular. Por unos días, Chile no necesariamente piensa igual, vive igual ni celebra igual. Pero sí encuentra algo que reconoce como propio y que puede compartir”, concluye la psicóloga.
Pero esta sensación de comunidad también invita a mirar a quienes no necesariamente están viviendo estos días con alegría. Para algunas personas, las Fiestas Patrias -y esta época del año- pueden acentuar la sensación de soledad o exclusión. Por eso, el llamado es también a estar atentos: preguntar cómo está el otro, ofrecer compañía, hacer una llamada, compartir una comida o simplemente hacerse presente.
]]>Según explicó Camila Navarrete, psicóloga infanto-juvenil de la Universidad UNIACC, “debajo de una expresión nueva hay algo bastante propio de este grupo etario: explorar quién soy, cómo quiero ser visto y qué lugar ocupo entre mis pares. Los adolescentes de otras generaciones también tuvieron códigos, estéticas, modas y formas de obtener reconocimiento. Lo que cambia hoy es que estos códigos nacen y se expanden muy rápidamente a través de las redes sociales”.
La especialista agregó que “participar de estas dinámicas puede ser una experiencia positiva si permite divertirse, expresarse, desarrollar confianza, pertenecer a un grupo o descubrir habilidades sociales. La influencia de los pares no es necesariamente negativa; también puede favorecer conductas adaptativas y experiencias de pertenencia”.
En este sentido, precisó que “en las batallas de aura hay además una especie de puesta en escena de la identidad. El joven prueba una manera de presentarse frente a otros: ‘puedo ser seguro’, ‘puedo hacer reír’, ‘puedo llamar la atención’, ‘puedo atreverme a ponerme frente a un grupo’”.
Sin embargo, precisó que “la dificultad aparece cuando se instala algo como: “si los demás me celebran, valgo; si no me celebran, dejo de valer”. Ahí ya no hablamos solamente de participar en una tendencia, sino de una autoestima muy dependiente de la evaluación externa”.
Navarrete también advirtió que “las redes sociales pueden intensificar esta lógica porque permiten cuantificar permanentemente la aprobación: seguidores, visualizaciones, comentarios, likes y ahora, de manera lúdica, incluso “puntos de aura”.
Para los padres que ven con preocupación la participación de sus hijos en estas dinámicas, la académica de la Facultad de Psicología de la UNIACC aseguró que “no miren solamente la conducta, sino sus efectos. Que un adolescente participe en una batalla, suba un video o utilice estos códigos no constituye por sí solo una señal de alarma”.
“Me preocuparía más observar cambios como una necesidad cada vez mayor de aprobación; angustia intensa cuando recibe críticas o pocas interacciones; comparación constante con otros; dejar actividades que antes disfrutaba porque “no dan aura” o por miedo a hacer el ridículo; exponerse a situaciones peligrosas únicamente para obtener reconocimiento; conflictos importantes con amigos; o cambios persistentes en el ánimo, sueño, rendimiento o relaciones”, añadió.
Por lo tanto, aconsejó que “antes que prohibir, recomendaría sentir curiosidad. Muchas veces los adultos reaccionamos rápidamente frente a códigos juveniles que no comprendemos y corremos el riesgo de cerrar una oportunidad de conversación”.
Eso sí, precisó que esto no significa que los adultos deban mantenerse al margen cuando existan situaciones de riesgo. “Si aparecen humillaciones, violencia, exposición riesgosa o difusión de imágenes sin consentimiento, los adultos sí debemos intervenir”, enfatizó.
Además, planteó la necesidad de que los padres “conversen sin burlarse de sus códigos, conozcan a sus amistades, ayuden a reconocer cuándo algo deja de ser divertido, hablen de consentimiento antes de grabar o publicar a otras personas y refuercen espacios donde puedan sentirse competentes y valorados que no dependan exclusivamente de la respuesta de una audiencia”.
El desafío, concluyó la especialista, “no es lograr que sus hijos no necesiten nunca la aprobación de los demás, eso sería poco realista, sino ayudarlos a construir una identidad suficientemente sólida para que esa aprobación no determine por completo cuánto sienten que valen”.
]]>Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), responde estas preguntas apoyada en la evidencia científica acumulada durante décadas de uso de esta vacuna en el mundo.
Una enfermedad que no es solo «un resfrío fuerte»
«La influenza suele confundirse con un resfrío común, pero se trata de una enfermedad respiratoria aguda causada principalmente por los virus influenza A y B. Puede derivar en complicaciones graves como neumonía o insuficiencia respiratoria, sobre todo en personas mayores, embarazadas, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas», explica la docente.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la influenza estacional provoca cerca de 1.000 millones de infecciones al año en el mundo, de las cuales entre 3 y 5 millones son casos graves. Las muertes asociadas a complicaciones respiratorias por esta causa se estiman entre 290 mil y 650 mil cada temporada.
¿Por qué la vacuna no puede provocar influenza?
Es el mito que más persiste, dice Rojas, y también el más sencillo de aclarar. Las vacunas que se usan en Chile contienen virus inactivados o solo fragmentos de sus proteínas superficiales, material que perdió por completo la capacidad de multiplicarse en el cuerpo.
«No existe ningún mecanismo biológico por el cual estas vacunas puedan causar la enfermedad», explica la académica. «Lo que sí puede ocurrir es que, durante las primeras 24 a 48 horas, algunas personas sientan dolor en el brazo, cansancio o fiebre baja. Son señales de que el sistema inmunológico está reaccionando y empezando a generar protección, no síntomas de la enfermedad».
También es común que alguien se contagie de influenza u otro virus respiratorio pocos días después de vacunarse. «Como el cuerpo demora cerca de dos semanas en desarrollar una respuesta inmune completa, la infección puede adelantarse a esa protección. A eso se suma que en invierno circulan muchos otros virus que generan síntomas parecidos», aclara.
Por qué hay que repetir la dosis cada año
A diferencia de otras vacunas, la de la influenza necesita actualizarse temporada tras temporada. La razón principal, señala la especialista, es que el virus cambia constantemente a través de pequeñas mutaciones genéticas, un fenómeno conocido como deriva antigénica, que le permite escapar parcialmente de las defensas generadas en años anteriores.
«Por eso una red internacional coordinada por la OMS analiza miles de muestras virales de distintos países para anticipar qué cepas circularán con mayor fuerza y así definir la composición de la vacuna para cada hemisferio. A esto se suma que la protección inmunológica baja con el tiempo, especialmente en personas mayores, lo que hace necesaria la dosis anual», sostiene.
¿Qué tan efectiva es realmente?
Ninguna vacuna protege en un 100% contra la infección, y la de la influenza no es la excepción. La académica cuenta que su efectividad varía cada temporada según qué tan bien coincidan las cepas incluidas en la fórmula con los virus que terminan circulando.
Donde la evidencia es contundente, dice Rojas, es en la reducción de cuadros graves. Estudios realizados en países del hemisferio sur muestran que la vacunación disminuye de forma importante las hospitalizaciones por influenza, en particular entre adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Incluso quienes se contagian estando vacunados suelen presentar síntomas más leves y menor riesgo de terminar en una unidad de cuidados intensivos.
«El objetivo principal de la vacuna no es evitar todos los contagios, sino prevenir las consecuencias más graves de la enfermedad», resume.
Una protección que va más allá de uno mismo
Para Rojas, vacunarse contra la influenza es también un gesto de protección colectiva. Mientras más personas estén inmunizadas, menos circula el virus y menor es el riesgo de que llegue a quienes tienen más probabilidades de desarrollar complicaciones graves, como adultos mayores, recién nacidos o pacientes inmunodeprimidos.
«La mejor vacuna no es la que promete una protección perfecta, sino aquella que ha demostrado, con evidencia científica, disminuir el riesgo de hospitalización, complicaciones graves y muerte», afirma la académica de la Escuela de Química y Farmacia UNAB. «En el caso de la influenza, décadas de investigación respaldan que la vacunación anual sigue siendo una de las medidas preventivas más efectivas para proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean».
]]>Desde el ámbito académico, el Dr. Sergio Gatica, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), jefe del Magíster en Psicopedagogía y Educación Especial e investigador del Centro de Investigación en Educación y Desarrollo (CIEDE), plantea que este tipo de situaciones podría explicarse por dinámicas propias del entorno digital. “Esta situación responde a modas que se imponen en redes sociales en forma de ‘desafío’, donde se incita a realizar este tipo de acciones. Tengo la impresión de que, en muchos casos, se trata de estudiantes con algún tipo de dificultad psicológica, porque no es razonable que una persona en equilibrio promueva el miedo y genere estados de alerta extrema en los establecimientos. Es una tendencia muy dañina para las comunidades”, señala.
El especialista advierte que estos comportamientos no necesariamente responden a una intención real de concretar un acto violento, sino a la búsqueda de validación o notoriedad. En ese contexto, el Dr. Gatica descarta una relación directa con la discusión sobre la restricción del uso de celulares en las aulas. “No creo que exista relación entre ambas cosas. Limitar el uso de teléfonos en clases es positivo, porque mejora la atención y reduce la exposición a contenidos inadecuados. Sin embargo, el origen de estas conductas (violentas) ocurren fuera del ámbito escolar, en espacios donde los estudiantes sí tienen acceso a redes sociales, y muchas veces se expresan a través de rayados en baños, pasillos o salas”, explica.
En cuanto al fenómeno de fondo, el Dr. Gatica lo vincula a procesos sociales ampliamente estudiados. “Las personas tendemos a imitar a nuestros semejantes en distintas dimensiones, como la forma de hablar, de vestir o de comportarnos. En el caso de los jóvenes, esta imitación puede estar influida por figuras con presencia en redes sociales, especialmente cuando buscan validación o reconocimiento. Sin embargo, lo preocupante es que se estén replicando conductas que afectan la tranquilidad de las comunidades educativas”, sostiene.
El académico de la UCSC advierte que las consecuencias de estos episodios van más allá de la alarma momentánea: “Se pierden horas de clase, se afecta la concentración y se movilizan recursos humanos, económicos y de tiempo que podrían destinarse a procesos educativos. Son efectos negativos que no debieran normalizarse”.
En este contexto, el Dr. Sergio Gatica enfatiza en la necesidad de abordar el fenómeno desde una perspectiva integral, que considere la educación socioemocional, el acompañamiento a estudiantes y el fortalecimiento de estrategias preventivas, con el fin de resguardar la seguridad y el bienestar de las comunidades educativas.
]]>El fenómeno de El Niño, explica, corresponde a un cambio en la dinámica oceánica y atmosférica del Pacífico. En condiciones normales, “el viento cálido recorre desde Sudamérica hacia Oceanía a través de los vientos alisios”, lo que permite el afloramiento de la corriente de Humboldt y explica las bajas temperaturas del mar en la costa chilena. Sin embargo, durante El Niño estos vientos pierden fuerza y las aguas cálidas se desplazan o permanecen frente a Sudamérica, generando un aumento de las temperaturas y precipitaciones.
Este año, además, se ha advertido sobre un posible “super Niño” o “Niño Godzilla”, con anomalías térmicas cercanas a 2 grados por sobre los valores habituales, lo que podría intensificar sus efectos.
Laderas debilitadas bajo presión
Aunque el fenómeno no provoca deslizamientos de forma directa, sí actúa como detonante. “Lo que hace es aumentar la probabilidad de que ocurran debido a episodios lluviosos de alta intensidad”, explica Vera. Durante el proceso la lluvia satura el suelo, aumenta la presión interna y reduce su resistencia, facilitando fallas estructurales en las laderas.
El problema se agrava en zonas afectadas por incendios recientes. “Es en esas zonas donde el suelo ha perdido su cohesión debido a la falta de vegetación y por lo tanto va a ser mucho más fácil que ocurran movimientos de laderas”, señala.
En la Región del Biobío, por ejemplo, sectores como Penco, Tomé, San Pedro de la Paz y Santa Juana concentran preocupación, particularmente en áreas con pendientes pronunciadas y urbanización sobre laderas. Vera advierte que “hay muchísimas laderas urbanizadas que no deberían estarlo y, por lo tanto, la vulnerabilidad local es mucho mayor”.
Coordinación institucional y prevención
Desde febrero, la Universidad Andrés Bello, junto a otras instituciones de educación superior, trabaja en coordinación con organismos públicos como Senapred y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo para identificar zonas críticas y definir medidas preventivas. En esas instancias se han priorizado áreas como la ruta entre Penco y Tomé, incluyendo sectores como la carretera General Amengual, donde existen laderas de alta pendiente afectadas por el fuego.
El monitoreo y la identificación de señales tempranas son clave. “Grietas en la cabecera de la ladera, agua que aflora en el pie del talud, árboles inclinados o ruidos en el terreno” pueden anticipar fallas. A ello se suma la necesidad de fortalecer la instrumentación, aumentar la red de pluviómetros y mejorar los sistemas de monitoreo de humedad del suelo.
Pese a que aún no se instala completamente el fenómeno, las probabilidades son altas. “Las instituciones indican que hay un 60% de probabilidad de que emerja entre mayo y julio”, afirma Vera, quien recalca que el escenario exige vigilancia. Las lluvias esperadas podrían caer sobre suelos ya húmedos, aumentando el peligro. “Vamos a enfrentar unos meses con lluvias de alta intensidad y esta lluvia va a caer sobre un suelo que ya está húmedo o saturado en algunos casos por las lluvias previas”.
En ese contexto, la prioridad está en las zonas postincendio. “Estas zonas están desprovistas de protección”, advierte el investigador, subrayando la urgencia de medidas como estabilización de taludes, control de escorrentías y restricciones a la construcción. Las medidas preventivas son urgentes y el plazo para tomar los resguardos es breve, por lo que lo que se haga antes del arribo del Niño será clave para evitar eventuales catástrofes.
]]>Según explicó el pediatra Alberto Vidal, broncopulmonar infantil de Clínica MEDS, “los niños se puede enfermar entre 6 hasta 10 veces durante un año calendario. Los menores de 3 años se pueden enfermar siete veces durante un año, y los mayores de 3 años hasta cinco veces”.
La duración de estos episodios varía, aunque en la mayoría de los casos las sintomatologías duran alrededor de ocho días. “Generalmente en los más pequeños, los síntomas respiratorios pueden durar hasta 14 días y, si este niño además hace una bronquitis o una neumonía, la tos, por ejemplo, puede durar 3 a 4 semanas”, explicó.
El especialista destacó que recién a los 7 u 8 años los niños alcanzan una inmunidad similar a la de un adulto, enfermándose una o dos veces al año. Entre los factores que influyen en la frecuencia de infecciones, a su juicio, están la lactancia materna insuficiente en los primeros seis meses, la exposición al tabaquismo pasivo, quienes asistente precozmente a jardines infantiles, salas cunas, ante de los 2 años, o familias muy numerosas con muchos hermanos donde hay muchas fuentes de contagio.
Además, indicó que los niños con enfermedades cardíacas, neurológicas, digestivas y genéticas presentan un mayor riesgo de enfermarse con frecuencia, como así también en aquellos que son alérgicos “Estos niños se enferman el doble de veces en un año que un niño que no tiene esta condición. Se pueden enfermar hasta 12 a 14 veces en un año y los síntomas de las enfermedades virales les van a durar un poco más, como así también mayor sobreinfección”, afirmó.
El facultativo enfatizó que existen “banderas rojas” que permiten identificar cuándo un niño que se enferma con frecuencia podría requerir un estudio inmunológico. Entre ellas, mencionó infecciones graves como neumonías que requieren hospitalización o ventilación mecánica, la recurrencia de infecciones bacterianas —como múltiples neumonías, sinusitis u otitis en un año—, el uso frecuente o prolongado de antibióticos y la falta de respuesta a tratamientos de primera línea, advirtiendo que “ese niño es probable que tenga algún defecto inmunitario y hay que estudiarlo”.
Asimismo, indicó que también deben evaluarse niños con dificultades para subir de peso —ya que “la desnutrición altera el sistema inmunológico”—, así como aquellos que presentan infecciones en distintos sistemas del cuerpo, abscesos en órganos internos o cuadros recurrentes como aftas, úlceras orales o infecciones por hongos.
Sobre el uso de suplementos, el facultativo explicó que “el déficit o insuficiencia de vitamina D es un factor que ayuda a tener más infecciones recurrentes en los niños”, por lo que recomendó exposición solar moderada —“al menos 3 veces a la semana, entre 5 y 15 minutos, en horarios de baja radiación UV”— y una mayor ingesta de alimentos ricos en esta vitamina, como pescados grasos. Adicionalmente, indicó que ante la sospecha de déficit se debe confirmar con exámenes antes de suplementar.
En la misma línea, señaló que el zinc también cumple un rol en el sistema inmune y que su déficit podría estar asociado a infecciones frecuentes, aunque advirtió que “la suplementación no está indicada si no se corrobora el déficit”, por lo que se debe evaluar mediante exámenes antes de administrarlo.
En cuanto al uso de probióticos, el especialista de Clínica MEDS aseguró hay dos: “uno, es el Lactobacillus y el otro es el Bifidobacterium, que se pueden administrar generalmente en gotas o sachets, solos o junto a vitamina C, y que ayudan a la disminución de la frecuencia de las infecciones virales”.
Finalmente, destacó los beneficios de los inmunoestimulantes orales, señalando que “son medicamentos que se administran en dosis secuenciales por al menos tres meses y que contienen bacterias a las que se les ha quitado la capacidad de provocar enfermedad, pero mantienen la estructura para generar una respuesta en el sistema inmunológico”.
]]>La nutricionista pediátrica de Clínica Universidad de los Andes, Bárbara Castillo, explica que “el chocolate no debe prohibirse, pero sí es importante cuidar las porciones, ya que su alto contenido de azúcar y grasas saturadas no es recomendable, y además si se consume en exceso en un corto periodo de tiempo puede generar malestar abdominal”.
Según la nutricionista, un huevito puede aportar entre 25 y 60 calorías, dependiendo de su tamaño y marca, lo que equivale a 2 a 5 cucharaditas de azúcar. La cantidad recomendada de azúcar depende de la edad y del estado nutricional del niño, y no debe superar el 5% de sus requerimientos.
Lo más probable es que los chocolates tengan una baja cantidad de cacao, dado que la mayoría de los disponibles comercialmente están enfocados al público infantil son a base de leche, tienen baja proporción de cacao y son endulzados con azúcar. Por lo que se deben preferir huevos de chocolate no macizos o huecos, que no contengan relleno y con el mayor contenido de cacao, sobre un 65%.
Estos son los seis consejos que Bárbara Castillo da para disfrutar los huevitos sanamente en familia
Más allá del consumo, la nutricionista invita a recordar el verdadero sentido de la Pascua: “esta es una oportunidad para compartir, conversar y reforzar valores familiares. Los huevitos son parte de la celebración, pero no su centro”.
]]>Aunque parezca un ajuste menor, este cambio puede afectar el sueño de algunas personas con efectos sobre el estado de ánimo y el rendimiento diario, especialmente en los primeros días. El Dr. Alejandro de Marinis, neurólogo del Programa de Medicina del Sueño de Clínica Universidad de los Andes, entrega recomendaciones para hacer más fácil la adaptación y evitar que el cambio impacte negativamente en la salud.
“Nuestro cerebro tiene un reloj interno que regula los ciclos de sueño, apetito y consumo de energía entre muchos otros. Una de las señales clave que permite a nuestro reloj biológico determinar nuestro ciclo de sueño y de vigilia dentro de las 24 horas del día es el ciclo de luz y oscuridad. Cuando este último se altera debido al cambio de hora el reloj biológico también tiene que ajustar el ciclo de sueño y vigilia”, explica el especialista.
Con la llegada del horario de invierno, los relojes se retrasarán una hora. El Dr. de Marinis aclara que, desde el punto de vista del ciclo de luz y oscuridad, este cambio significa que iremos a acostarnos y levantarnos una hora más tarde, con mayor oscuridad previa al momento de dormir.
“A todos nos resultará mejor, ya que el mayor tiempo de oscuridad previa es una señal que le facilita a nuestro reloj biológico y la conciliación y mantención del sueño. Además, nuestro reloj biológico se adapta mejor a iniciar el sueño más tarde que hacerlo más temprano de lo habitual. Este es otro factor que hace más fácil, desde el punto de vista del sueño, el cambio al horario de invierno que el cambio al horario de verano”, enfatiza.
¿Quiénes pueden verse afectados?
Los efectos del cambio de hora no son iguales para todos. Los niños, los adultos mayores y las personas con trastornos del sueño o enfermedades del ánimo suelen ser los más sensibles a esta modificación. También quienes tienen rutinas muy estructuradas o trabajos con horarios fijos. En este grupo de personas la transición al nuevo horario puede facilitarse acostándose más tarde de manera progresiva, en lapsos de 15 minutos cada dos o tres días, de modo que cuando llegue el cambio de hora el organismo ya se haya ajustado naturalmente al nuevo ciclo de luz y oscuridad”, agrega.
Entre los síntomas más comunes que pueden aparecer en relación con el cambio de horario se encuentran la falta de energía, la dificultad para conciliar el sueño, la irritabilidad o la falta de concentración. En algunos casos, incluso puede aumentar la somnolencia diurna o el consumo de cafeína para mantenerse alerta.
Cinco consejos para adaptarse mejor al horario de invierno
En personas vulnerables la adaptación al cambio de horario puede tomar en torno a tres días, si bien en algunos puede prolongarse por varios días más.
“Sin embargo, con medidas simples y una rutina ordenada, es posible minimizar el impacto y mantener un sueño reparador. Más aún la mantención de estas medidas a lo largo del tiempo, junto con dormir el número de horas necesarias constituye el medio más eficaz para mantener un sueño normal durante la vida y evitar la aparición del insomnio”, concluye el Dr. de Marinis.
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